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Antioquia: mujeres ocupan menos del 11% de los cargos de poder en las empresas

Mientras sectores como la construcción están altamente masculinizados, en la confección hay más mujeres pero no en cargos de poder.


Aunque el sector textil emplea más mujeres, se evidencian brechas salariales y dificultades para llegar a cargos de liderazgo. FOTO ARCHIVO

Pese a los avances, cerrar brechas de género en el mercado laboral colombiano aún parece una meta lejana: para las mujeres todavía es complejo ingresar y permanecer en un empleo por las cargas de cuidado y la masculinización de ciertos sectores, además de que el ascenso a cargos de poder se sigue viendo como un privilegio.

De hecho, las cifras del Dane a mayo arrojaron que mientras la tasa de desempleo en el país fue del 13,2% para la mujeres, la de los hombres fue del 8,4%, con una brecha de 4,9 puntos porcentuales.

Y en Antioquia este panorama no es muy distinto. Un reciente estudio del Centro Internacional por la Empresa Privada (Cipe, por sus siglas en inglés) y la Alianza Empresarial por la Equidad de Género, mostró que en las empresas antioqueñas las mujeres ocupan menos del 11% de los cargos directivos y solo el 27% tiene asiento en las juntas.

Además, también hay grandes abismos en cuanto a las mujeres que son propietarias de empresas, pues mientras este porcentaje llega a solo el 14%, en los hombres es del 84%.

Las brechas por sectores

Según evidenció el informe, actualmente persiste una segregación horizontal que implica la distribución desigual de género en determinados roles y actividades.

“Hay sectores masculinizados, como el de la construcción, mientras en el de textiles hay una predominancia de las mujeres, por ser labores que, culturalmente, se ha vinculado a ellas”, explicó Ángela Vélez, directora del Cipe.

Y es que, por ejemplo, de las 43.625 mujeres que se encuentran empleadas por personas naturales, el 62,9% trabaja en el sector comercio, restaurantes y hoteles; el 11,6% labora en la industria manufacturera; el 9,3% en servicios sociales y personales; 6,2% en servicios financieros, empresariales e inmobiliarios; y 5,9% en el sector de explotación de minas y canteras.

Mientras tanto, el porcentaje de mujeres empleadas en los sectores de transporte y comunicaciones es solo del 2%; en construcción es del 1%; agropecuario del 0,6%; y electricidad, gas y agua del 0,2%.

“En construcción, el liderazgo femenino es muy débil y faltan elementos que contribuyan al equilibrio de la vida personal y familiar. Desde la contratación, la concepción es que mejor no se contratan porque tienen que cuidar de sus familias. Pasa igual con espacios físicos, estructuras, equipamientos”, resaltó Vélez.

Y agregó que, aunque por el contrario la manufactura, textil y confecciones es un sector altamente feminizado, en este se evidencian grandes brechas de salariales, especialmente en los cargos operarios, así como dificultades para conciliar la vida laboral y familiar, que en la mayoría de las veces obliga a las mujeres a optar por trabajos informales que les permita jugar con ambas esferas.

“Además, la violencia y el acoso sexual y laboral son experiencias generalizadas y comunes entre las trabajadoras, lo que puede afectar también las posibilidades ascenso a cargos de liderazgo”, dijo.

Desde la óptica de Sandra Balanta, investigadora del Observatorio para la Equidad de las Mujeres de la Universidad Icesi de Cali, aún persisten muchos estereotipos o ideas preconcebidas sobre la clase de actividades que las mujeres pueden o no hacer.

“Hay otro asunto de fondo y es, ¿por qué nosotras terminamos asumiendo menos cargos de poder si llevamos ya muchos años aumentando nuestra participación en el mercado laboral? Una de las grandes barreras que he visto tiene que ver con las cargas de cuidado”, dijo Balanta.

Y explicó que, por ejemplo, la disponibilidad de un hombre y una mujer en una empresa no siempre es la misma, y eso les ha costado a las mujeres llegar a cargos importantes.

“Alguien me comentaba en un taller que cuando solicitaba jornadas extendidas los que siempre levantaban la mano eran los hombres, por lo que pensaba que las mujeres eran las flojas. Y no. Lo que pasaba es que tenían que ir recoger al niño, a preparar la comida o a mercar. Y ahí ocurre una autosegregación que las aísla de cargos importantes”, señaló la investigadora.

De esta manera, para la experta en género es importante hacer pedagogía sobre los estereotipos de género que hay al interior de las empresas, sobre los micromachismos, microagresiones y la perpetuación de situaciones donde las mujeres no tienen las mismas oportunidades que los hombres.

Los desafíos en las empresas


Para los analistas, la planeación estratégica en temas de equidad de género continúa siendo un reto para el sector empresarial antioqueño, pues solo el 52% de las organizaciones han diseñado un plan de acción, pero pocos establecen objetivos, metas y elementos de dirección.

“Las organizaciones deben promover estrategias de corresponsabilidad del cuidado. Según el Ranking Par 2022, solo el 2% de las empresas ofrece servicios de guardería y el 9% tiene convenios para acceder a estos espacios de cuidado de niños. Además, solo el 33% realiza un acompañamiento a padres durante la gestación y el 26% le permite el regreso escalonado después de la licencia de paternidad”, dice el informe.

Desde el Cipe invitaron a las compañías a hacer un ejercicio en el que evalúen temas como inclusión, acoso sexual o perfiles de los cargos.

Por: Alejandra Zapata Quinchía

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